Posteado por: Juventudes Carlistas | marzo 18, 2009

¡ANTE ESTA GLOBALIZACIÓN: AUTOGESTIÓN!

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Últimamente se ha agudizado mucho en nuestra sociedad  el debate sobre lo que hoy conocemos como “globalización”.

Los términos global y “globalización” empezaron a ser usados en las facultades económicas de Harvard, Columbia, Stanford y otras universidades de EEUU a principios de los años 80. Numerosas obras publicadas en estos centros, y la prensa económica y financiera anglosajona fue el vehículo utilizado para dar a conocer masivamente estas palabras. Existe una cierta confusión por el uso indistinto de las expresiones  “globalización” y “mundialización”, realidades que son distintas una de la otra. Al decir globalización nos referimos a la última fase del capital, que apunta a una expresión universal para mantener y aumentar sus ritmos de beneficios y ganancias, que subordina los valores humanos y la conservación del planeta  al crecimiento económico. “Mundialización” define el sentimiento de pertenencia a un mundo común, en el que estamos relacionados de una u otra manera, y al que tenemos que prestar toda nuestra atención para conservarlo en toda su riqueza y diversidad. En definitiva, hacerlo un lugar en le que la vida sea posible para todos.

Tras finalizar el periodo de crecimiento económico que se puso en marcha al acabar la II Guerra Mundial, se desató una crisis estructural del sistema que dio origen al neo-liberalismo, es decir a una nueva dominación del viejo capitalismo de siempre, que tuvo como principales exponentes a Reagan y Thatcher. El neo-liberalismo es la máxima expresión política e ideológica de la globalización, y se ha convertido en un dogma, en el modelo único en el que se inspiran todos los países capitalistas, y puesto en marcha en muchas ocasiones por gobiernos autodenominados “socialistas”.

El neo-liberalismo se basa en tres pilares fundamentales: la “libertad económica”, la “libertad política” y la “libertad de mercado”.

La “libertad económica” es entendida como la libre competencia y la supresión de las barreras aduaneras y proteccionistas, lo que conlleva la libertad de movimientos de las multinacionales para imponer en todo el mundo sus reglas. La pequeña empresa es incapaz de competir con las empresas transnacionales, que debido a su volumen y a su mayor nivel tecnológico producen más barato. Esta política hace que las empresas puedan instalarse en aquellos países que ofrecen una mano de obra y materias primas más baratas, y mayores ventajas fiscales.

La “libertad política” es sinónimo de democracia formal. Sólo hay sitio para quienes aceptan el sistema y las reglas de juego. Pero las medidas neo-liberales al ser implantadas en la sociedades generan rechazo y violencia, que dan lugar al nacimiento de fuerzas alternativas de oposición, que rápidamente son criminalizadas o manipuladas por gobiernos de turno, quedando marginados de la vida política oficial del país. Se busca la representación y no la participación, se subordina la política a la economía.

La “libertad de mercado” lleva en la lógica neo-liberal el desmantelamiento de los sistemas de protección social y la privatización del sector público. Cuando hay pérdidas las grandes empresas piden la ayuda del Estado, pero cuando hay beneficios se reparten entre una minoría privilegiada.

A la par que el fin del periodo de prosperidad económica de las posguerras, ha habido varios hechos que han logrado hacer creer a mucha gente en todo el planeta que la única salida del callejón en le que se encuentra el mundo es la globalización: el estrepitoso hundimiento de la URSS y el resto de la burocracias socialistas del Este, la revolución tecnológica, la desregulación de los movimientos internacionales del capital, la mundialización de la producción, la aparición de nuevas formas de explotación del trabajo y la apertura de las economías nacionales de los pueblos más pobres.

La caída de todo el bloque soviético, hizo que de horma apresurada se proclamase la imposibilidad de construir una sociedad socialista, es decir, un modelo alternativo al capitalismo. Lo que se hundió fue una burda caricatura del socialismo, pues no puede haber socialismo donde no hay JUSICIA, LIBERTAD, y DEMOCRACIA PARTICIPATIVA. Por si fuera poco en la antigua URSS y en los países del Este se ha restaurado de nuevo el capitalismo y la economía de mercado. Esta restauración se ha producido en base a distintos conflictos armados y al robo de las arcas del estado a manos de antiguos dirigentes de sus aparatos burocráticos.

La revolución tecnológica ha venido dada por el desarrollo de las redes informáticas y las nuevas técnicas de la información, que han hecho que nazcan nuevas ramas de la producción y nuevas mercancías. La informática, la telecomunicaciones, la microelectrónica, o la robótica -nuevas tecnologías- están presentes en la actividad económica y sus aplicaciones en la investigación, la ciencias, la salud o la comunicaciones, han modificado la cultura y la técnica de nuestra sociedad, dando lugar a sectores de producción nuevos y a productos que antes no existían. Internet juega un papel fundamental en este campo.

La desregulación de los movimientos internacionales del capital produce que el dinero tenga una libertad de acción total, como nunca jamás lo había tenido anteriormente. Los Estados nacionales son incapaces de controlar y regular por medio de sus bancos centrales los imponentes movimientos de capital, que pueden dar lugar a desestabilizar los mercados de divisas, las tasas de interés y de cambio y un largo etcétera. Han perdido el monopolio para alterar ellos mismos los mercados.

Se busca instalar las empresas y las fábricas allí donde mayores beneficios se obtengan y más rápidamente, teniendo a numerosos países bajo la amenaza de trasladar estas industrias si se producen reivindicaciones pidiendo mejoras salariales o disminución de horas de trabajo.

La mundialización de la producción conlleva la formación de oligopolios que dominan completamente la economía mundial. Las empresas transnacionales se organizan como empresas globales para intervenir en todo el mundo y preparadas para resistir cualquier tipo de competencia. La producción se deslocaliza, y se da el caso de que de algunos productos – los automóviles por ejemplo- se fabrican las piezas en diversos países, para conseguir menos costos y más beneficios.

La aparición de nuevas de explotación del trabajo es debido a que ahora ya no se utiliza el modelo “taylorista” de rígida disciplina, jerarquización de responsabilidades y control de los ritmos de producción, sino que se ha pasado al modelo “toyotista”, en el que se trabaja en equipo para involucrar a los trabajadores en la marcha de la empresa, se fomenta la polivalencia del trabajador y se buscan especialistas con un nivel alto de mecanización. Si el primer modelo – a pesar de ser injusto- hacía que existiese una solidaridad hacia la empresa, el segundo, incentiva la competencia y la rivalidad entre los trabajadores.

La apertura de las economías nacionales de los pueblos más pobres se nos ha intentado hacer creer que serviría para que estos alcanzasen niveles parecidos  a loas de los países desarrollados, pero en realidad demuestra que esto es una falsedad. Según la ONU, en más de un centenar de países, la renta per cápita es hoy más baja que hace quince años, eso lleva a que 1.600 millones de personas vivan ahora peor que en los años 80. El abismo entre los países ricos y los pobres se ha duplicado. La realidad de la globalización es que 258 millonarios disponen de una renta anual superior a la renta conjunta del 45% de los habitantes de la tierra, 4000 millones de personas viven con menos de 2 dólares diarios, el 20% de la humanidad no tiene suficiente para comer, más de 1.500 millones de personas no disponen de agua potable, las enfermedades infecciosas continúan causando una de cada cuatro muertes en le mundo, el 50% de los niños menores de 15 años morirán de SIDA en África meridional y 400 millones de niños se ven empujados a trabajar para sobrevivir.

Resumiendo, podemos afirmar que la globalización neo-liberal se caracteriza por la concentración del poder y la riqueza en unas pocas manos, la movilidad del capital, la combinación de la tecnología más moderna con la mano de obra más barata y la obediencia ciega la único fin que justifica todos los medios: la obtención rápida de beneficios económicos cada vez mayores.

Esto implica también un proyecto ideológico, político y social, proyecto totalmente enfrentado a la filosofía tradicional del CARLISMO, por lo que tenemos que declararnos beligerantes contra la globalización neo-liberal. No se trata de corregir lo que algunos califican como excesos, hay que atacar de raíz todo este fenómeno monstruoso, que genera de manera implacable marginación, miseria y explotación para millones de seres humanos y para pueblos y naciones.

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