Posteado por: Juventudes Carlistas | marzo 18, 2009

EL PERSONALISMO DE MOUNIER

mounier

Contrasta con lo lógico y el interés científico de la filosofía analítica un movimiento filosófico originado en los años 30 por el filósofo francés Emmanuel Mounier. Se trata del personalismo. En sentido amplio es personalista toda aquella filosofía que reivindique la dignidad del hombre contra las diversas negaciones llevadas a cabo especialmente desde el materialismo. En un sentido más estricto, el personalismo es la doctrina que mantiene que el ser en su principio es personal o se deriva de la persona como manifestación de la comunicación entre personas. Aunque el personalismo presenta múltiples tendencias, en su origen y plenitud presenta una orientación cristiana.


Emmanuel Mounier nació en Grenoble en 1905. Dedicado, en un primer momento a la enseñanza, fundó en 1932 la revista Esprit, de la que será director hasta su muerte. Toda su vida giró en torno a esta revista, siendo él mismo el mayor colaborador. Algunos de sus escritos son colecciones de artículos publicados en la revista Esprit. Además, en 1936 publicó Manifiesto al servicio del personalismo y en 1949 El personalismo. Murió en 1950.


1. Dimensiones de la persona
Mounier afirma que el personalismo surgió como una respuesta a la crisis de 1929. Al comienzo de su Manifiesto declara: “Llamamos personalista a toda doctrina, a toda civilización que afirma el primado de la persona humana sobre las necesidades materiales y sobre los mecanismos colectivos que sostienen su desarrollo”. Este primado de la persona significa que cada individuo humano es un absoluto, y que, por encima de la persona, sólo hay un Dios, también personal.

La persona, reconoce Mounier, no es susceptible de una definición rigurosa, sino que es la presencia misma del hombre. A pesar de ello, en su Manifiesto al servicio del personalismo, la define como “un ser espiritual constituido como tal por una forma de subsistencia y de independencia en su ser”. Esta “definición” no se distancia en lo fundamental de la clásica boeciana: “sustancia individual de naturaleza racional”. La persona, añade, es un “espíritu encarnado”. Esto no debe ser entendido platónicamente, porque el cuerpo es hombre es cuerpo con igual titulo que es espíritu, es todo entero cuerpo y todo entero espíritu.


En un segundo plano, el de la personalidad psicológica, realiza una caracterización fenomenológica de las dimensiones de la persona. Estas dimensiones son:

– La vocación: principio de unificación e integración progresiva de todos los actos de la persona. Es el acto propio de la persona, su principio espiritual.
– La encarnación. No se trata de desembarazarse de la vida sensible ni de las necesidades materiales, sino que la persona, como “espíritu encarnado”, las debe afrontar como parte de su ser.
– La comunión: la persona se encuentra dándose a la comunidad. En su esencia, la persona no es un individuo aislado, sino radicalmente comunitarista. Esta comunión o comunicación se funda en cinco actos originales, que son:
– -Salir de sí: capaz de desprender del amor propio.
– -Comprender: capaz de dar acogida a los intereses de los demás.
– -Asumir sobre sí: capaz de hacerse cargo del propio destino.
– -Dar: capaz de dar sin medida y sin esperanza de retorno.
– -Ser fiel: capacidad de entrega personal al amor y la amistad.

A su vez estos actos originales de comunicación se conjugan con otros de conversión íntima o vida interior, a saber:
– Recogimiento o sobre sí.
– Secreto o en sí.
– Pudor.

Para llevar a cabo las dimensiones de la persona, deben realizarse correlativamente tres ejercicios esenciales de la formación de la persona:
– La meditación: para buscar la vocación.
– El compromiso: como reconocimiento de su encarnación.
– El desprendimiento: para favorecer la comunicación.


2. La estructura de lo comunitario
La dimensión comunitaria de la persona pone de manifiesto que existe una radical distinción entre individuo y persona. El individuo es como la parte superficial de la persona, por tanto, lo más unido a la materia y, como tal, más disperso e impersonal. Los desórdenes egoístas nacen del individuo: la avaricia, la agresividad, la propiedad… La persona, en cambio, indica señorío, generosidad, ya que nace de la parte espiritual y nuclear del hombre.

El concepto de comunidad que está manejando Mounier no se identifica con el de sociedad. La sociedad es algo impersonal, por eso hay muchos tipos y formas de sociedad. La sociedad no tiene rostro, es el ámbito del se (“se dice”, ”se hace”), donde surgen las masas, aglomerados humanos anónimos, despersonalizados. En la sociedad falta comunicación interpersonal y verdadera solidaridad, porque se ha fundado en los individuos y se ha prescindido de los valores espirituales que aporta la persona.

La comunidad, en cambio, surge de la reunión de las personas, cuando el yo es capaz de abrirse y extenderse al nosotros. Para que haya comunidad cada yo ha de descubrir a cada uno de los otros como persona y tratarlos como tales. Considera a los demás como prójimos, a los que ama, ya que el amor es el primer vínculo de la comunidad y realizar la misma función que la vocación en la unidad de la persona. De esta forma, la comunidad personalista es como una persona de personas.

Para lograr esta comunidad personalista, se hace necesaria una revisión de las estructuras fundamentales de la sociedad actual. Esta revisión dará lugar a nuevas estructuras como la educación personalista, es decir, una pedagogía fundada en el espiritualismo; la familia, haciendo hincapié en la personalidad de la mujer; la cultura de la persona,, ya que las colectividades no crean cultura, sino la comunidad de personas; la economía de la persona en contra de la economía capitalista que se organiza al margen e incluso contra las personas.
Mounier hace una crítica de los sistemas opuestos al personalismo. Para él, cono titula un apartado de su Manifiesto, el mundo moderno está contra la persona. Las doctrinas que van contra la persona son:


– El individualismo liberal y capitalista, que ha desencadenado fuerzas económicas impersonales y la tiranía del industrialismo. Esta civilización burguesa e individualista implica la corrupción de los valores espirituales, sustituyéndolos por aspiraciones materiales.

– Los fascismos y totalitarismos, que son los máximos enemigos del personalismo, pues suponen el dominio de lo irracional y el desprecio total de las personas, convirtiéndolas en masa fácil de oprimir y destruir sus libertades.
– El comunismo marxista, que al negar las realidades espirituales, no tienen cabida la persona y sus valores personales, como la libertad y el amor.


3. Otros personalismos
Ya hemos dicho, que existen muchos tipos de personalismos. Por eso, resulta imposible hacer una breve referencia a todos. Simplemente los nombraremos como pertenecientes a un personalismo en el más extenso sentido de la palabra: J. Lacroix, M. Nédoncelle, P. Ricoeur, E. Levinas, N. Berdiaev, J. Maritain, G. Marcel, R. Le Senne, M. Buber.

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