Posteado por: Juventudes Carlistas | marzo 31, 2009

‘Auzolan’, vieja costumbre aún viva

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Cruz Mari Martínez, profesor del Instituto de Alsasua, ha estudiado la tradición del trabajo comunitario en pueblos de Sakana

EN UNOS TIEMPOS en los que el individualismo es casi una forma de vida y nadie trabaja sin cobrar, en Navarra subsiste la ancestral costumbre del ‘auzolan’, la prestación vecinal gratuita en beneficio público. La costumbre no es exclusiva de nuestra tierra. Por ejemplo, existen la ‘andecha’ gallega, el ‘coor’ irlandés o la ‘pringa’ andina, aunque en Navarra el trabajo comunitario está incluso regulado en el Reglamento de las Haciendas Locales

NEREA MAZKIARAN – Alsasua

CRUZ Mari Martínez Larrea es un amante y estudioso de la cultura y el folklore local. Este profesor del Instituto San Miguel de Aralar de Alsasua, licenciado en Antropología Social y Cultural por la Universidad del País Vasco y miembro de la Banda Municipal de Txistularis de Alsasua, ha dedicado gran parte de su tiempo libre al estudio de esta costumbre tan arraigada en el valle. Su estudio se ha centrado fundamentalmente en Urdiain, Etxarri-Aranatz y Arbizu, tres de las numerosas localidades en los que esta costumbre sigue vigente.

Según este estudioso, el auzolan (o auzalan, según el habla de la zona) podría definirse como la prestación vecinal gratuita en beneficio público. Una cooperación mutua o aportación de trabajo desinteresado al servicio del pueblo mediante la prestación personal y también como una obligatoriedad de un trabajo socializado. Cree que en su origen respondía a la necesidad de tener que cubrir con el trabajo personal lo que los bolsillos no podían aportar o asumir aquellas necesidades que la vecindad compartía en común. “En tiempos que tanto se habla de participación ciudadana, asistimos a un individualismo que avanza a pasos de gigante. Cada vez tenemos menos consciencia de pertenecer a una comunidad vecinal, delegando en los demás, fundamentalmente en las instituciones, y desentendiéndonos de lo que ocurre de puertas para afuera. Hemos renunciado a nuestras parcelas de responsabilidad en la conservación y mejora de nuestro patrimonio. La mercantilización de la tierra es un hecho. Dónde antes había derechos de uso y disfrute ahora sólo hay propiedades privadas”, afirma Martínez.

“Cuando nos sentimos copartícipes y miembros activos de un trabajo cooperativo -señala-, cuando nos implicamos colectivamente en la vecindad y tenemos la conciencia de que el pueblo es nuestro, lo sentimos, valoramos y respetamos mucho más. Esta relación afectiva con el entorno explica el trabajo no remunerado, no compensado económicamente, añade.

Otras culturas

El trabajo en común de todos los vecinos es una práctica antiquísima y presente en numerosas culturas. Al auzalan correspondería por ejemplo la prestación gallega andecha. Relacionado estrechamente con esta institución, se halla la vizcaína lorra. El campesinado irlandés nos brinda un ejemplo de cooperación ad honorem denominado coor. Los pueblos indígenas de la cordillera andina tienen institucionalizada entre sus gentes la minga, una práctica cooperativa y de ayuda mutua de gran arraigo, indica este profesor.

Respecto a la reglamentación de estos trabajos, es de carácter consuetudinario, de costumbre. En el caso de Navarra, tiene una formulación escrita en el Reglamento de las Haciendas Locales. A su vez, las entidades locales a través de sus ordenanzas establecen con más concreción las bases y normas para su desarrollo. En general, la obligatoriedad de esta prestación personal incluye a todos los vecinos exceptuando a los mayores de 55 años, a los imposibilitados, a los reclusos, etc. La prestación no excederá de diez días anuales ni de tres consecutivos. La inasistencia se penaliza con sanción pecuniaria.

El auzolan suponía antiguamente una de las muchas instituciones que constituían la vida comunitaria. Casi todo estaba socializado de forma natural. De hecho, la socialización natural se hacía igualmente extensiva a los molinos comunales, las tejerías, la ganadería, caleras, parzonerías o facerías. El batzarre era la asamblea vecinal donde se concretaban y tomaban los acuerdos y decisiones que comprometían a toda la vecindad, comenta este estudioso.

Perspectivas de futuro

En algunos pueblos donde sigue vigente el auzolan, muchos vecinos optan por pagar para no asistir a las jornadas obligatorias anuales. En general, actualmente los bolsillos pueden cubrir las necesidades básicas y pueden satisfacer económicamente los impuestos y cargas municipales. La solvencia económica influye en que la pervivencia y práctica del auzolan en los pueblos dónde todavía se ejerce, peligre muy seriamente.

Martínez explica que “reimplantar hoy día con carácter general esta institución sería posiblemente muy pretencioso. Dónde la sociedad es pequeña y todavía muy cohesionada esta costumbre sigue. Si se rompe el esquema de credibilidad social, mal favor. Deberíamos mantener el espíritu del auzalan con otras alternativas y propuestas de ensayo”. En su opinión, “en comunidades vecinales grandes se podrían por ejemplo promover diferentes tipos de trabajos, protagonizados y conformados por asociaciones o colectivos, barrios, centros de enseñanza En estos últimos sería muy positivo institucionalizar esta práctica en las localidades dónde ha desaparecido, uno o dos días al año, para implicar a los chavales en trabajos para la mejora y mantenimiento de su entorno más próximo

http://www.noticiasdenavarra.com/ediciones/20021106/navarra/d06nav1603.php

UN CASO PRÁCTICO

LOS VECINOS DE UNANU INSTALAN CALEFACCIÓN EN LA IGLESIA

Los vecinos del Concejo de Unanu, en el Valle de Ergoiena, apenas unos 130, no pasarán frío en la iglesia durante este invierno. Transcurridas las fiestas patronales, la última semana de agosto se iniciaron las obras para la instalación de un nuevo sistema de calefacción para la iglesia de Unanu. Este trabajo realizado entre todos los vecinos se encuentra ya finalizado y en espera de la aprobación del técnico. Este templo contaba con un cañón de aire caliente pero era muy ruidoso, por lo que se hacía necesario apagarlo durante la celebración de la misa ya que era difícil seguir el oficio religioso, con el consiguiente frío. A falta de subvenciones, los unanuarras decidieron afrontar entre los vecinos la solución a este problema. El nuevo aparato se encarga de recoger aire frío en la iglesia y llevarlo hasta el aparato que recibe el aire a través de una tubería de 17 metros, donde lo calienta y lo expulsa a través de ocho rejillas. Este trabajo realizado en común entre los vecinos no ha sido el único ejecutado en está práctica tan arraigada en la localidad, ya que este mismo año se acabaron las obras realizadas en el frontón, hecho que celebraron con una cena popular durante la celebración de las pasadas fiestas patronales. El año pasado le tocó el turno a la ermita de San Andrés. En aquella ocasión se arregló el tejado del templo y se restauró el retablo, que data del siglo XV. También se arregló el suelo y se mejoraron las inmediaciones del lugar.

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