Posteado por: Juventudes Carlistas | abril 22, 2009

¿Qué son los Fueros?

nieve

Carlos Clavería

En este año que enfila la recta final de un devenir histórico, se han cumplido los cien años de la terminación y entrega por el arquitecto Martínez de Ubago a la Diputación de ese magnífico monumento a nuestros Fueros, construido con aportación popular. Sobre él nada nuevo hay que decir. Lo vemos todos los días en nuestro deambular por el Paseo de Sarasate, pero… ¿cuántos conocen su significado?

El escritor navarro Eladio Esparza escribió esta frase: “Caben debajo de un paraguas los que entienden el Fuero”.

El acendrado españolismo de algunos gerifaltes ha hecho posible esta desinformación y falseamiento, que ha llevado a aceptar como nuestro lo ajeno, menospreciando el nervio de nuestra personalidad.

En este sentido, y rechazando toda la tergiversación que rodea nuestros derechos históricos, podemos decir, para quienes lo ignoran, que el Fuero con mayúscula es la capacidad de nuestro pueblo para ejercer su soberanía.

Hoy cabe preguntarse: ¿por qué no se ha inaugurado el citado monumento? No existe una respuesta concluyente. En 1903 cuando se terminó, la Corporación, que se calificó foral, no lo consideró oportuno. Alguien ha dicho que “por razones políticas” y preguntamos nosotros: ¿En cien años nunca se ha producido el motivo que permitiera inaugurarlo?

Probablemente la autenticidad del verdadero Fuero, que esas piedras representan, molesta a los navarristas que siempre han medrado a la sombra de los gobiernos de Madrid, ya fueran dictatoriales (Primo de Rivera, Franco) o pseudodemocráticos como el de Aznar.

Afortunadamente en la conciencia de todo buen navarro sigue vivo el espíritu del Fuero y el deseo de su completa reintegración.

En síntesis, podemos decir que el Fuero es un código, no otorgado a nuestro pueblo, sino unas leyes que se dio a sí mismo. Son obra suya. Su conjunto equivale a una Constitución, basada en la costumbre que hace ley.

Cuando esto fue posible, Navarra era grande, constituía la verdadera Euskalherria que un día agrupó a todos los vascos bajo las alas del águila real de Sanchos y Garcías. Esto llevó a don Arturo Campión a escribir: “Los únicos representantes históricamente conocidos, en la antigüedad clásica, del pueblo vasco moderno son los navarros”.

Juntos forman Euskalherria, conjunto de hombres libres que desean realizar un destino común en la solidaridad de una cultura, cuya expresión más vigorosa es el euskera. Reto que tenemos planteado los navarros de hoy, porque un pueblo que deja perder su lengua está condenado a desaparecer.

Por otra parte, para defender la independencia del país y las libertades populares se crearon ya en el siglo XIII las Juntas de Infanzones de Obanos, Miluce, Arreaga, Erro, Tudela, etcétera, tomando como lema de su constitución esta leyenda que figuró en su escudo: “Pro libertate patria gens libera state”, es decir: “Hombres libres en una Patria libre”.

El espíritu de este movimiento popular se mantuvo vigente hasta que en 1512 Navarra fue conquistada alevosamente por Fernando, llamado el católico e incorporada a Castilla. A partir de ese momento el forcejeo es constante por parte de los navarros para recuperar la independencia perdida.

Pero es en el siglo XIX, cuando se hace posible que en virtud de las leyes de octubre de 1839 y agosto de 1841, se arrebaten a Navarra los últimos vestigios de su personalidad histórica y con ello, sus instituciones más características, dejando en compensación una pobre autonomía administrativa. La abolición de los Fueros produjo un descontento general que llevaría a los navarros a aproximarse a sus hermanos de Álava, Guipúzcoa y Vizcaya, movimiento que iniciaría la Diputación en 1866 y que culminaría con la segunda guerra carlista.

Terminada la contienda se crea en Iruña la Asociación Euskara, que agrupó lo más selecto del fuerismo navarro: Iturralde, Campión, Olóriz, Aranzadi, Ansoleada, Olabe, etcétera, y en la que se inspiró el nacionalismo de Sabino Arana, durante las jornadas memorables de la Gamazada en 1893-94. Se recupera ese espíritu en el periodo de la Segunda República, pero vuelve a quedar subsumido bajo la larga noche de la dictadura franquista.

Con la caída de esta última, se recupera el deseo de rescatar la soberanía perdida, y es el Consejo Foral (1976-77), la caja de resonancia que recoge este anhelo, proclamando la Reintegración Foral Plena.

Desgraciadamente, una vez más, Navarra es engañada por un puñado de politicastros saturados de un españolismo chauvinista, imponiéndole el llamado Amejoramiento del Fuero, que no mejora nada, porque nada había que mejorar. El Fuero hacía muchos años que nos lo habían arrebatado.

Transcurridos 21 años desde la aprobación del Amejoramiento, todavía los navarros no hemos podido decir si aceptamos o no esa ley orgánica, que puede ser derogada en cualquier momento por el Estado. Con un mínimo de respeto al pueblo navarro, nunca se le debía haber usurpado el derecho a una consulta plebiscitaria. Posiblemente no se han atrevido a hacerla.

Lo que Navarra desea es la reintegración foral en toda su amplitud, sin mistificaciones y enmascaramientos. Por ello resulta exacta la interpretación de Manuel de Irujo: “Los Fueros son la libertad hecha carne, amoldada al genio nacional”.

Para terminar conviene señalar que en el mes de septiembre de 1979, la Diputación, bajo la presidencia de Jaime I. del Burgo, tomó el acuerdo de inaugurar el Monumento a los Fueros “tan pronto como se aprobara el Amejoramiento”. El tema fue debatido a propósito de una moción presentada por los diputados Bueno Asín y García de Dios pidiendo que la inauguración se efectuara el 5 de junio de 1980, por cumplirse en esa fecha el 87 aniversario de la Gamazada. Pero ni en una ni en otra ocasión, se llevó a cabo, quedando el acuerdo en papel mojado.

Muchas cosas podían decirse sobre los Fueros, pero la extensión de un artículo no lo permite. Por tanto, como final de estas líneas haremos nuestro el texto que figura en una de las planchas de bronce del monumento que los representa: “Se erigió este monumento para simbolizar la unión de los navarros en la defensa de sus libertades, libertades aún más dignas de amor que la propia vida”.

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