Posteado por: Juventudes Carlistas | mayo 3, 2009

CARLISMO ES ESENCIALMENTE LUCHA POR LOS FUEROS.

La lucha carlista ha sido principalmente la lucha foral de Las Españas.

Un listillo venía con los argumentos de que en países como Andalucía el desarrollo foral no había sido tal. Bien, pero no hace falta mas que remitirse a los escritos de Carlos VII para ver como pone como ejemplo, incluso adornándose hasta la saciedad, el modelo foral de Vizcaya como exportable para otras nacionalidades como Andalucía. Y es que lo que tenía bien claro Carlos VII es que si no defendía el modelo político foral ningún pueblo se levantaría en armas, hasta tal punto que Euskalherria era paradigma de autogobierno para el resto de Las Españas.

El mismo Carlos VII en una carta a su hermano Alfonso Carlos describe como el modelo carlista a seguir para las Españas es el modelo vasco-navarro:

“Ama el pueblo español la descentralización y siempre la amó; y sabes, mi querido Alfonso, que si cumpliera mi deseo, así como el espíritu revolucionario pretende igualar las provincias vascas a las restante de España, TODAS ÉSTAS (refiriéndose a las provincias sin desarrollo foral) SEMEJARÍAN O SE IGUALARÍAN EN SU RÉGIMEN INTERIOR CON AQUELLAS AFORTUNADAS Y NOBLES PROVINCIAS (refiriéndose a la provincias vasco-navarras)”

Por tanto en la llamada tercera carlistada está clarísimo. Pero en la llamada segunda carlistada o Guerra de los Matiners todavía se hace más patente la lucha por los fueros de la Corona de Aragón y el peculiar modelo político de este territorio frente al castellano. Las consignas y proclamas “religionistas” son anecdóticas.

Por último el mito de que en la primera carlistada la defensa de los fueros fue marginal es una auténtica falsedad, no hay más que ver las circulares y escritos de los líderes populares. Del mismo Zumalacarregi, del que tan pocos escritos quedan, en su Circular por los Sucesos de Abaurrea Alta, dice lo siguiente.

“Habiéndose esparcido la voz, a que han dado pábulo los enemigos de la causa del rey, con la intención siniestra que es de suponer, de que he sido sorprendido en Abaurrea Alta, por la columna de Salcedo, importa a mi honor como militar, A LA CAUSA QUE ENTUSIASTAS DEFIENDEN ESTAS PROVINCIAS Y SOBRE TODOS A LOS FUEROS…”

Las proclamas dogmáticas ultracatólicas y no los simples gritos como: “Viva la Religión, Abajo la Nación” vendrían y se consolidarían al final de la tercera guerra carlista por parte en gran medida de sectores integristas cercanos a la alta jerarquía eclesiástica, nada que ver con los sectores clericales que anteriormente habían apoyado el carlismo, el bajo clero rural y popular. Y en 1888, como todo el mundo sabe, Carlos VII desautoriza a Nocedal y a todo el movimiento integrista en general.

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