Posteado por: Juventudes Carlistas | mayo 3, 2009

Manifiesto a los Carlistas de D. Javier I de Borbón Parma con motivo de la designación de Juan Carlos de Borbón como sucesor de Franco a titulo de Rey (25 de julio de 1969)

Con toda la autoridad que me concede el derecho, que es deber irrenunciable, de la legitimidad que ostento y los muchos años empleados en el servicio de la Patria, me veo obligado a elevar mi protesta ante la designación que el generalísimo Franco ha efectuado en la persona de don Juan Carlos de Borbón, en cuanto significa su futura elevación al Trono de España.

En primer lugar, esta designación como sucesor del general Franco pretende garantizar la continuación del Régimen, pero no asegura una continuidad de paz. Con el nombre de la Monarquía se encubre un monocracia hereditaria, por designación de la única voluntad del Jefe del Estado, mientras que en la concepción carlista es el Pacto social entre la Dinastía y el Pueblo el que garantiza la autoridad y la libertad, y por tanto, la paz.

Al no verse respetadas las libertades, y la primera de todas, la de escoger el futuro, no puede existir autoridad. Puede haber poder y fuerza, pero faltará la autoridad, que es siempre ascendiente humano y moral. Al faltar este ascendiente no existirá, en caso de tensiones en la vida política (…), otro recurso que el empleo de la fuerza. La Paz solamente se garantiza con la Justicia, y la Justicia no puede vivir más que en un clima de Libertad. Todo régimen que niega la libertad desemboca, tarde o temprano, en el desorden.

En segundo lugar, no se puede fallar con una decisión unilateral un pleito monárquico. Este pleito hubiera podido ser planteado, garantizándose el buen funcionamiento de los trámites jurídicos y políticos en una gran consulta nacional, absolutamente necesaria en un asunto de tanta envergadura. Sólo así se hubiera podido resolver, con el concurso de unas Cortes auténticamente representativas y libres, un enfrentamiento entre dos Españas, enfrentamiento mucho más grave de lo que las meras apariencias externas pueden dejar entrever. Entre la España oligárquica de minorías capitalistas y la España democrática, amante de la libertad, entre la concepción monárquica alfonsina, monopolizadora del poder, y la concepción carlista del Rey de las libertades y repúblicas españolas, como lo definiera Carlos VII, existía un pleito. Y ese pleito se debía liquidar pacíficamente, dentro de una consulta y concurrencia nacional.

Se ha querido, por el contrario, imponer al país una solución y una dinastía, quedando así defraudada la esperanza que indudablemente tuvo el pueblo español de poder participar en la decisión de su futuro, esperanza de apertura y de mayor libertad que le hizo en su tiempo respaldar el referéndum.

De la misma manera que en el año 1936 prepare al carlismo para luchar contra el totalitarismo comunista; de la misma manera que me opuse a la implantación del totalitarismo fascista durante nuestra Guerra Civil, debo protestar ahora contra el intento de prolongar este mismo totalitarismo bajo una apariencia monárquica.

Por eso no acepto una solución que, debiendo ser el fruto de una amplia consulta nacional en cuanto al régimen y a la persona, ha quedado reducida a solución personal, arbitraria y de partido único.

Esto lo sabe toda España. Pero de mis leales carlistas espero algo más que una postura negativa ante el hecho ocurrido. Tenemos un gran deber político; plasmar en la realidad nuestro ideal. Un deber en aras del cual se han sacrificado tantos de los nuestros.

Ahora vamos a acelerar la dinámica política que lleva consigo tantas promesas, que defendiendo en su expresión concreta las grandes Libertades Regionales, Sindicales y Políticas, construya una España democrática, forjadora de su libertad, capaz de la convivencia pacifica entre sus regiones y sus ideologías, cumplidora de la paz cristiana.

A pesar de las circunstancias difíciles, nunca he tenido tanta certeza del triunfo de estos grandes ideales (…). Os pido a todos que compartáis conmigo con fuerza, con fe, con disciplina, con inteligente actividad, esta gran esperanza española y pido a Dios que la bendiga y la haga realidad.

Francisco Javier

Puchheim, 25 de julio, festividad del Apóstol Santiago, Patrono de España, de 1969.

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