Posteado por: Juventudes Carlistas | mayo 3, 2009

Manifiesto de Maguncia de Carlos VI (16 de marzo de 1860)

carlosviA los españoles: Veinticinco años de un Gobierno parlamentario han debido convencer (…) de los pocos resultados beneficiosos que podía dar este sistema de gobierno, tan encontrado con nuestras antiguas leyes y costumbres.

No es decir por esto que yo ponga el pie en España con intención de reinar como Monarca absoluto, queriendo cercenar para nada al país su legitima representación en la gestión de los negocios públicos; creo que ha llegado el momento de buscar en la historia de nuestras antiguas libertades, de esas libertades cuyo origen se pierde en la oscuridad de los tiempos, en Navarra y las Provincias Vascongadas, y que en la Coronilla de Aragón y Castilla regían muchos siglos antes que naciera en Inglaterra, una formula en armonía con nuestras costumbres, tan levantadas en otros tiempos, en que los procuradores a Cortes ponían un veto a los reyes hasta en sus gestos personales, y que los pueblos hacían justicia en los procuradores que no cumplían con su mandato. ¡Que diferencia entre unos y otros tiempos, tanto en los caracteres como en las libertades! El sistema que en los últimos años ha regido a España, apoyado en una serie de ficciones que repugnan a la razón, y teniendo por base la corrupción más completa en el sistema electoral, no ha aprovechado para nada al pueblo y no es más que un nuevo feudalismo de la clase media, representada por abogados y retóricos. Las clases similares de la Monarquía han desaparecido. Sería una gran locura, por mi parte, querer reconstituirla ab irato; pero encontrándome solamente con masas populares, pues la nobleza desaparece lentamente en virtud de la desvinculación y pérdida la influencia del Clero por las inicuas leyes desamortizadoras, la empresa más honrosa para un Príncipe es librar a las clases productoras y a los desheredados de esa tiranía con que las oprimen quienes invocando la libertad gobiernan (…).

Prolijo seria enumerar los actos de dictadura de estos gobiernos llamados liberales, y muy raro sería encontrar un solo momento en que una de las muchas Constituciones que se han promulgado en estos venticinco años haya regido (…).

Los estados de sitio la centralizan administrativamente, la invención de los tribunales contencioso-administrativos, las leyes de orden público, y por último los reglamentos de policía, son otros tantos medios de que se vale el liberalismo moderno para mantener su poder, sin que haya una voz en el Parlamento que se levante contra tales abusos, pues es muy raro o casi imposible encontrar un solo diputado que represente los intereses de sus electores, representando en cambio los suyos propios o los del grupo político al que pertenece. ¡Triste espectáculo es el que han ofrecido y ofrecen las Cortes españolas, sin prestar jamás atención a las cuestiones que a la Patria interesan, malgastando su tiempo en luchas estériles y personales por quien ha de ocupar el poder, y votando los impuestos no los que pagan sino los que se los comen!

Propalan algunos con ligereza y otros con sobrada intención, que mi gobierno sería un gobierno puramente teocrático, y que el Clero no aspira más que a apoderarse de las riendas del poder para poder gobernar (…) en provecho propio (…) pero debo declarar que la Iglesia no pide ni necesita más que libertad y justicia.

(…) Yo quiero para España un gobierno representativo, en que los diputados, con el mandato imperativo, vengan a las Cortes a representar los intereses de sus electores, y no los suyos propios, o los de una parcialidad o camarilla.(…) La descentralización administrativa más completa, dando a las Diputaciones Provinciales absolutas facultades en todo lo referente a montes, aguas y vías de comunicación en sus provincias.(…) Es necesario llegar a toda clase de economías, suprimiendo todas las ruedas innecesarias en los servicios de Estado y todos aquellos servicios que no tengan más objeto que dar fuerza y sostén a los Gobiernos que se han sucedido en estos veinticinco años.(…) Siendo la instrucción pública la base de la civilización y del bienestar de los pueblos, el Gobierno deberá vigilarla con profundo interés, dando una gran participación en su fiscalización a los padres de familia, más interesados que nadie en la educación de sus hijos.(…) Grandes reformas necesita el ejército, la carrera militar fue siempre una carrera de honor y pobreza; el buscar los generales el medro personal y las riquezas en pronunciamientos militares han hecho que nuestros soldados (…) hayan perdido hoy toda consideración entre las naciones civilizadas (…).

Carlos

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