Posteado por: Juventudes Carlistas | mayo 5, 2009

José María de Pereda

peredaPereda y su época

Salvo estancias en Madrid de mayor o menor duración, la vida de José María Pereda estuvo ligada a la ciudad de Santander. Nació, no obstante, en la localidad de Polanco el 6 de febrero de 1833, y pasó allí su infancia, inmerso en el ambiente rural. Era miembro de una acomodada familia numerosa, y aunque el poder económico de su familia estaba en horas bajas, fue educado dentro de la tradición propia de la burguesía española del siglo XIX.

Su familia se trasladó a Santander, donde el joven Pereda estudió bachillerato. Quiso hacer la carrera de armas, por lo que tuvo que desplazarse a Madrid donde ingresó en la Escuela de Artillería. Sin embargo, su escasa habilidad para las matemáticas hizo que abandonara la carrera militar y volviera a Santander, no sin cierto alivio, en 1855. Su vida dio entonces un giro radical, pues comenzó a dedicarse a escribir artículos de costumbres en varios periódicos locales, sobre todo El tío Cayetano y La abeja montañesa.

En estos primeros artículos pudo ya verse los rasgos que iban a destacar en sus escritos: una defensa de las tradiciones y del modo de vida de sus paisanos, y un elogio decidido de los valores más tradicionales de éstos, entre ellos, la religión y el respeto a los ancianos. Intentó también tener éxito como autor de obras de teatro, pero la fama que fueron adquiriendo sus artículos y relatos fue tal que decidió dedicarse por completo a ellos. En dichos artículos fue tomando mucha fuerza el llamado ‘regionalismo’, doctrina política y artística cuyo interés fundamental fue la defensa extrema de la tierra natal (centrada en la “región”, de ahí el nombre), de sus costumbres, de su forma de vida e, incluso, de su expresión lingüística. Por este motivo los regionalistas solían utilizar los dialectos y lenguas propios de su país, algo que hizo el propio narrador.

Pereda vivió en un período muy convulso de la historia de España. Durante la segunda mitad del siglo XIX la sociedad y la política española vivieron muchos cambios. En pocos años hubo una monarquía (la de Amadeo de Saboya), una república (la Primera República, con cuatro presidentes), una dictadura (la del general Serrano) y, por fin, una restauración de la monarquía en la persona de Alfonso XII. Se fundaron nuevos partidos, se alternaron diferentes regímenes políticos, se reformó la economía y la burguesía, de carácter revolucionario, y se intentó por primera vez una reorganización política y social de todo el territorio.

Uno de los acontecimientos más importantes de esta época fue la Revolución del 68, llamada “La Gloriosa”, un levantamiento de signo burgués que intentó una gran reorganización política y social del Estado. Precisamente tras esta revolución, Pereda decidió implicarse más políticamente en sus escritos, por lo que comenzó a escribir novelas en las que dejó claras sus ideas sociales y religiosas. Fueron las llamadas “novelas de tesis”, las cuales le proporcionaron un gran prestigio como escritor en su época, pero también le posicionaron políticamente por su ideología tradicionalista y extremadamente antiliberal. Precisamente esta implicación le llevó, como a muchos otros escritores de su época, a entrar de lleno en la vida política. Fue un destacado militante del Partido Carlista, siendo elegido diputado a las Cortes en 1871.

A pesar de su ideología tradicionalista, fue amigo de otros intelectuales con ideas muy alejadas de las suyas, como en el caso del escritor canario Benito Pérez Galdós. Además, su peso en la vida intelectual de la época y el éxito de su carrera hicieron que fuera elegido miembro de la Real Academia en 1896.

Murió en su querida ciudad de Santander el 1 de marzo de 1906. En 1911 su amigo Marcelino Menéndez Pelayo inauguró con un discurso un monumento a su memoria instalado en el Paseo Pereda, quien tomó así el nombre de uno de sus hijos más ilustres.

La obra de Pereda: la mirada regionalista

La obra de José María de Pereda es un buen ejemplo del tradicionalismo, una de las corrientes políticas más importantes de la época. Pereda defendió su pensamiento tradicionalista desde la corriente literaria conocida como regionalismo, heredera del costumbrismo de los románticos. El regionalismo de autores como Pereda elogiaba las virtudes de una zona rural (en su caso, la montaña cántabra), e idealizaba a sus habitantes, presentándolos de una forma ingenua, acentuando sus aspectos positivos y disimulando sus defectos.

Pereda fue autor de un buen número de obras. En un primer período escribió meras estampas o cuadros de costumbres, en los que reflejaba las virtudes de la vida en el campo o la montaña. Sin embargo, la mayoría de su producción posterior lo forman novelas regionalistas y novelas de tesis, en las que intentaba demostrar que sus ideas políticas eran las más acertadas.

Uno de los mayores méritos de Pereda fue la utilización de la lengua hablada, sobre todo la vernácula. La naturalidad con que reflejó el habla y las formas de vida de los pobladores de la montaña santanderina fueron su gran aportación a la novela del siglo XIX, y fue la principal razón por la que está considerado como uno de los mejores escritores españoles de su época. En esto fue un gran innovador. Quizá su mayor defecto sea la excesiva idealización, pues las gentes del campo aparecen siempre como bondadosas, en oposición a las de la ciudad, que aparecen siempre como malvadas.

Pereda fue, además, un auténtico maestro en la descripción de paisajes, elemento fundamental en la literatura regionalista, pues su prosa no sólo alaba a las gentes de su tierra, sino también la belleza natural de sus paisajes. Introdujo en sus libros unas descripciones vigorosas, y sus diálogos resultan ricos y apropiados, en una época en la que se buscó la verosimilitud realista de aquello que se está describiendo.

Sus principales novelas

Sotileza (1885), novela del Santander marinero, es la mejor obra de Pereda y una de las más destacadas del siglo XIX en España. Tuvo un éxito extraordinario y fue muy elogiada por sus contemporáneos. Se trata de una novela en la que compara las virtudes de la vida marinera con los defectos de los comerciantes burgueses. Es una reconstrucción del Santander que conociera el autor en su infancia. El personaje de Sotileza es una joven de la que se enamoran tres hombres, pero el verdadero protagonista de la novela es el mar.

Peñas arriba (1895) es la culminación de la obra literaria de Pereda, y es su mejor novela de montaña. También fue recibida con entusiasmo y críticas muy favorables. Es un canto a la naturaleza, en la que los personajes están subordinados al paisaje en el que viven. Pereda defiende un mundo al que pretende salvar. El lenguaje rústico está plasmado con mucho acierto.

Su prosa costumbrista fue sobre todo publicada en la prensa, y quedó recogida en volúmenes como Escenas montañesas (1864), Tipos y paisajes (1871), Bocetos al temple (1876), Tipos trashumantes (1877) y Esbozos y rasguños (1881).

En cuanto a sus novelas de tesis, donde defendió su catolicismo y su ideología tradicionalista, destacan Los hombres de pro (1871), El buey suelto (1877), Don Gonzalo González de la Gonzalera (1878) y De tal palo tal astilla (1880).

Sus novelas regionalistas, también llamadas “églogas realistas”, presentan de un modo idílico la vida en la provincia, ocultando sus defectos, tal como se hacía en las églogas. Destacan El sabor de la tierruca (1882) y La Puchera (1888).

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