Posteado por: Juventudes Carlistas | julio 12, 2009

Porto Alegre (Brasil).La experiencia del Presupuesto Participativo: Un modelo de administración popular

Imagínese que usted tuviera capacidad para decidir el presupuesto de su ciudad. Decidir cuanto se gasta y donde, cuales son las prioridades, las obras y programas necesarios. Imagínese que no sólo pudiera decidirlo, sino que tuviera instrumentos para controlarlo.

Seguro que ya le han surgido multitud de ideas, pero seguro que también piensa que no pasa de ser una bonita utopía.

Pues se equivoca. En Porto Alegre, una de las principales ciudades de Brasil, gobernada desde hace tres legislaturas por el Partido de los Trabajadores, se viene realizando desde que se implantó el Presupuesto Participativo hace doce años.

Y los resultados son espectaculares. El mero hecho de que la mayoría decida sobre lo que antes era patrimonio de unos pocos ha provocado un vuelco espectacular en la ciudad.

El proceso

El 60% de la población conoce el presupuesto, y más de cien mil personas participan directamente en su elaboración a través de asambleas

La elaboración del presupuesto anual es un auténtico ejemplo de movilización popular que, durante los doce meses del año, recorre todos los barrios de Porto Alegre.

Cuatro son los principios básicos: transparencia, participación, control y, sobre todo, capacidad de decisión en manos del pueblo.

Para facilitar la democratización del proceso se han establecido 16 áreas geográficas, organizadas en asambleas de base y 5 unidades temáticas, donde se discuten aspectos comunes a toda la ciudad con la participación de organizaciones sociales.

El acto inaugural consiste en una asamblea abierta (anunciada desde la prensa, radio, televisión, buzoneando…) donde se presenta el balance del presupuesto anterior (especificando dónde ha ido a parar hasta la última moneda, respondiendo de que compromisos habían y que porcentaje de consecuencia). La asamblea critica y aprueba el balance, pudiendo tomar medidas (investigaciones, multas, destituciones) si existe algún desajuste, estableciéndose la primera base de transparencia y control.

Las asambleas de las áreas y unidades temáticas establecen las prioridades para cada barrio y sector, y eligen, por sufragio directo, a los delegados para el Foro de Delegados y el Consejo Municipal.

Se pasa a una etapa de trabajo donde, por comisiones abiertas, cada área elabora una propuesta de las obras y programas que considera necesarios.

El Consejo recoge las propuestas, revisa su viabilidad atendiendo a los recursos disponibles y elabora una propuesta de prioridades que se entrega al Foro de delegados. Éste vuelve a trasladarlo a las asambleas de base para que establezcan críticas y enmiendas, velando por el cumplimiento de las órdenes recibidas. El borrador retorna al Foro para su aprobación.

Una vez aprobado el marco general del presupuesto se pasa a elaborar un Plan de inversiones, que contempla las siguientes reglas: las prioridades que ha establecido cada área, la población (las más pobladas reciben más), y la carencia de servicios (las menos desarrolladas disfrutan de mayor aportación).

El Plan de inversiones sigue el mismo camino, es discutido en asambleas y aprobado por el Foro y el Consejo.

Cada año se realiza el mismo proceso, cada año la población se pronuncia y el gobierno municipal rinde cuentas.

Por la base, las asambleas locales no sólo tienen capacidad para decidir las prioridades y las obras concretas (dónde va el dinero), sino que controlan y aprueban cada uno de los pasos, pueden decidir como se recaudan los impuestos municipales (quien paga más y quien menos), los comités fiscalizan todas las obras…

El Foro de delegados se convierte en un verdadero parlamento popular donde las diferentes áreas entran en común, unifican los criterios, deciden qué barrios necesitan una mayor atención, elabora los proyectos comunes a toda la ciudad.

Por último el Consejo, con participación de asesores, elabora la resolución técnica de los presupuestos.

Cada estrato superior se somete al control y la voluntad del inferior y, aunque el mandato es por un año, la decisión popular puede revocar a cada uno de los representantes.

Las autoridades municipales tienen representantes en el Consejo, pero éstos carecen de derecho a voto, simplemente asesoran a los representantes populares, dotándoles de todos los medios para que sus demandas puedan traducirse en hechos.

Pero la perspectiva del trabajo no se reduce únicamente al mandato anual. Se han celebrado ya dos asambleas masivas, llamadas “Ciudad constituyente”, donde se han trazado las líneas de un desarrollo a largo plazo, que deberá ser ejecutado por una Comisión integrada por delegados elegidos democráticamente.

Los resultados

El mero hecho de ampliar la capacidad de decisión ha provocado un espectacular avance

Porto Alegre, ciudad de 1.290.000 habitantes y centro de un área metropolitana de tres millones, era, hasta hace bien poco, un prototipo de ciudad del Tercer Mundo. A pesar de situarse en el riquísimo estado de Rió Grande do Soul, la tercera parte de la población se hacinaba en periferias llenas de chabolas, sin agua corriente, alcantarillado… La concentración de la riqueza escupía la pobreza extrema de la mayor parte de la población frente a la abundancia de la ínfima oligarquía local.

En los últimos doce años, la situación ha dado un giro espectacular. El agua potable y el alcantarillado llega hasta el 98% de las familias; 30 kilómetros de los suburbios se ha asfaltado; las inversiones en educación se han duplicado; se han construido hospitales, viviendas a bajo precio, parques, etc. Fruto de todos estos avances, la esperanza de vida se ha situado en 70 años, avanzando siete puntos en apenas diez años; las zonas más depauperadas, excluidas económica, social y políticamente, se han integrado a la marcha general de la ciudad.

Hoy, Porto Alegre es reconocida por la ONU como una de las 42 ciudades más habitables del mundo.

¿Qué ha provocado este cambio radical? Los recursos disponibles son prácticamente los mismos, no se han elevado los impuestos, ni se ha practicado ninguna política de ajuste.

Simplemente, gracias a la puesta en marcha del presupuesto participativo, el 60% de la población conoce el contenido del presupuesto y hasta cien mil personas participan, desde las asambleas, en su elaboración de principio a fin.

El mismo dinero, controlado por las fuerzas más dependientes de la oligarquía local y gestionado en función del interés de unos pocos, apenas daba para una mezquina beneficencia.

Se ha demostrado que no sólo es posible, sino que podemos hacerlo mejor. La sabiduría popular para gestionar el dinero de acuerdo a las necesidades de la gente, dirigiendo la solidaridad de unos barrios hacia otros, eliminando la corrupción.

Los habitantes de Porto Alegre han conseguido lo que ilustres funcionarios del FMI o el BM habían decidido que era imposible.

Si se ha comprobado la “productividad y eficacia” de esta iniciativa, ¿por qué no se aplica masivamente? 70 ciudades brasileñas ya se han sumado, Montevideo se lo está planteando seriamente. ¿Que opinan los flamantes alcaldes de algunas grandes capitales del primer mundo? Tendrán que explicar en base a que intereses se oponen.

No es el mercado… es el poder

Una de las valoraciones más extendidas sobre la globalización es que la política está asistiendo a su entierro mundial, amortajada por el poder de las grandes transnacionales.

Porto Alegre sirve, a pequeña escala, para romper esta ilusión. No hay que culpar al mercado de lo que es obra de los hombres.

Los éxitos de la ciudad brasileña evidencian que la catastrófica situación de muchas ciudades del Tercer Mundo sólo corresponde a los negros intereses de los círculos de poder, y que el único camino de desarrollo posible pasa por conquistar la capacidad de decisión real. No es un problema de las leyes del mercado, sino de poder, de quien decide sobre el dinero que generamos entre todos. Si el ámbito se reduce a unas pocas manos, la situación es de escasez. Si las decisiones están en manos de millones, la abundancia florece.

Y, en la medida en que crece la organización y capacidad de decisión popular, aumenta la conciencia y la radicalidad. El alcalde de Porto Alegre plantea como “la gente se ha dado cuenta de que algunas cosas no dependen sólo de lo que aquí ocurre, sino que están relacionadas con la estructura social y económica de todo el país. Ahora quieren más y están empezando a plantearse cosas más profundas”.

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