Posteado por: Juventudes Carlistas | julio 13, 2009

La autogestión (socialista) es la solución

Jabier Lertxundi

Empecemos esta reflexión siendo realistas. Vivimos tiempos de crisis de valores sociales y euforia del consumismo, por ello la izquierda no encuentra la manera de conectar con el pueblo mostrándole una vía ilusionante. Al tiempo se extiende la depresión de la intelectualidad supuestamente progresista, cuando no la huida hacia el capital en flagrante traición.

Así se producen bajas consideradas insustituibles, situación aprovechada por la burguesía para agudizar la represión avanzando a saltos cualitativos y no encontrando en su camino resistencia popular suficientemente organizada para de- tenerle. Además de ello adocenan a buena parte de la clase proletaria vía consumismo, cuya supuesta combatividad deriva finalmente en la aspiración de convertirse en un burgués…

En resumen, si miramos seriamente a nuestro alrededor, vemos un oscuro panorama; y si extendemos la mirada más allá del entorno que nos rodea, tampoco se vislumbra el final del túnel. En esta coyuntura triste ¿qué podemos hacer? ¿Cómo vamos transmitir ilusión revolucionaria a las siguientes generaciones?

Analicemos las causas de este descalabro. Vivimos tiempos de cambios dentro de un mundo globalizado liderado por la burguesía internacional y su insaciable afán de enriquecimiento, donde la izquierda oficial no ha sabido abrir sus propios caminos y se ha embarrancado en la partidocracia, creando estructuras cerradas y burocráticas que impiden la auténtica democracia.

En este contexto, la llamada intelectualidad progresista se adapta a la situación y constituye ­en su mayor parte­ una masa de vividores que el sistema burgués ha sabido integrar; permitiéndoles además expandir sus mensajes a los cuatro vientos a través de los media, para así ahuyentar y desmoralizar a los pensadores honrados, a quienes les niegan la oportunidad de expresarse siquiera.

Consecuentemente a todo ello, ante quienes osan alzarse se emplea la represión sin contemplaciones, lógica desde el punto de vista de la burguesía pues supone la metodología adecuada para el manteni- miento y aumento del poder logrado. Ante esta situación represiva, las fuerzas populares ­aun pretendiendo luchar­ se encuentran huérfanas, sin capacidad de autoorganización, confusas y sin referencias claras que les permitan analizar de forma coherente y positiva la coyuntura, para invertir la tendencia.

Establezcamos soluciones. El sistema de partidos políticos (uni o pluripartidista) está agotado, no debemos insistir en errores cometidos anteriormente y, por el contrario, debemos renunciar a este sistema de organización que parece un atajo y conduce al abismo. Ello supone desterrar la vanguardia elitista y la dirección política en base a personas consideradas insustituibles. Se trataría de dirigir por objetivos no por personas, buscando las sinergias adecuadas y constituyendo redes anónimas que fueran capaces de lograrlos. La metodología adecuada es la participación y para ello la rotación de los cargos en todas las estructuras ­desde las bases hasta las cúpulas­ constituye la herramienta insustituible.

Las masas, los hombres y las mujeres, deben participar y eso es democracia, no la exigencia de los derechos a los que supuestamente se ha hecho merecedor el individuo por haber nacido (se supone que en un país imperialista); y esto es así porque la sociedad tiene deberes con las personas en función del cumplimiento de los deberes que las personas tienen con la sociedad, hecho que determina su cualidad de ciudadano.

Siguiendo el hilo de esta reflexión, cabe afirmar que impedir la participación en aras a una mayor efectividad constituye un acto antidemocrático, argumentar ­por ejemplo­ que a la mayoría de las personas poco preparadas es lícito impedir su discriminación positiva para incentivar su participación política, porque serían «floreros», es cuando menos una majadería; pero lo peor es que constituye un ataque directo a la democracia, porque con ello estamos impidiendo la participación de ­por lo menos­ un 90% de la humanidad (suponiendo que un 10% participe activamente). Además es preferible comenzar siendo floreros e irse poco a poco llenándose de flores, que no nacer siendo escobilla ­de limpiar excrementos­ y morir siendo orinal ­de recepcionarlos­. De esta manera, la participación propiciará que se vayan consiguiendo frutos revolucionarios que el sistema capitalista no podrá integrar, porque los engaños y los fraudes no les servirán, y porque ante la represión, esas conquistas logradas serán defendidas a sangre y fuego.

Con el transcurso del tiempo, y mediante el empleo de la metodología autogestionaria, los avances revolucionarios se irán desa- rrollando y se conseguirá asentar una base amplia de militantes de vanguardia. Utopía convertida en realidad en muchas ocasiones a lo largo de la historia de la humanidad, desde los soviets a las comunidades de Aragón, pasando por los consejos de 1934 de Asturias y Mondragón, la autogestión yugoslava, el actual cooperativismo socialista cubano, las comunidades indígenas y tantas otras realidades revolucionarias que la historia oficial ha pretendido y pretende enterrar en el olvido, haciendo como si no existieran o hubieran existido.

Finalicemos estableciendo dos coordenadas imprescindibles para avanzar. Una muy importante es el empleo de la lucha ideológica sin compasión ni reparo alguno, para evitar que en el seno de las filas populares se instalen corrientes liquidacionistas; impidiendo con ello la instauración de la confusión y de las referencias incorrectas que conducen al abismo. Otra tan importante como la anterior supone hacer reflexionar a quienes se consideran vanguardia y son élite, porque con su accionar elitista diario y el acaparamiento de las estructuras, impiden la participación de la inmensa mayoría; optando por enrocarse en sí mismos y por per- manecer ininterrumpidamente en uno u otro cargo del «buró», antes que abrir los cauces participativos rotativos imprescindibles para al praxis revolucionaria.

Ambas cuestiones constituyen las contradicciones internas fundamentales que nos están impidiendo avanzar, y para superarlas teoría y práctica se unen en un binomio ideológico inseparable que termina en el convencimiento por la vía de los hechos. El camino no es fácil, pero tampoco complicado, (re)construir Euskal Herria desde su identidad (pre)histórica y (re)- construir el socialismo desde las premisas autogestionarias es el premio. Aurrera bolie!

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